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Acerca de Fernando Serra

Fernando Serra
Dirección de Producción, Tecnología y Operaciones
Doctor en Dirección de Empresas y MBA, IESE, Universidad de Navarra
Ingeniero Industrial, UPC
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¿Y ahora qué?

Parece que se está generalizando la impresión de que estamos próximos  a una recaída de la “crisis”, eso que algunos llaman una salida en “W”. Yo no creo en la recaída, simplemente porque no ha habido mejoría en lo que se refiere a las causas últimas de la crisis. La salida de la crisis será larga, lenta, tanto que se convertirá en nuestra cotidianeidad habitual. Aquello que otros llamaban una salida en “L”.

La naturaleza de la crisis actual es financiera. En este caso, el significado de “crisis financiera” es que los activos que soportaban los productos financieros (más o menos arriesgados y quizás algunos fraudulentos), han perdido valor; a veces incluso más de la mitad de su valor, lo que supone que aplicando criterios razonables de riesgo, muchos de estos productos financieros hoy no tienen ningún valor. En consecuencia, si los balances de bancos, empresas, particulares y tambien de los estados, reconocieran la realidad, habrían disminuido sus recursos propios o de capital. Guste o no, es así. Esto ha ocurrido al tiempo que la reducción de la actividad económica producida por la reducción brusca de capital, provocaba el incremento o, en el mejor de los casos,  mantenimiento del gasto corriente, bien por obligaciones derivadas de la propia crisis, bien por la rigidez a la contracción de los gastos corrientes en todas las organizaciones. Tenemos, pues, cocinada y servida la crisis de deuda.

El exceso de deuda se puede sostener durante un tiempo limitado, con la condición de que haya un proyecto empresarial creíble, con un equipo directivo eficaz. Esto lo sabe cualquier empresario; es una cuestión de confianza. Lo mismo ocurre con las organizaciones estatales, sean estados soberanos, autonomías, landers, o como quieran que se llamen. Pero en este caso, los gestores, es decir los políticos, no lo sabían, e incluso todavía se resisten a creerlo. Por eso hay una fuerte crisis de confianza que nos afecta directa y especialmente, debido a la inconsistencia de nuestros gobiernos, perfectamente percibida por los mercados, y que impacta directamente en nuestra posición en los mercados de deuda, tanto en la cuantía de emisiones exitosas como en la prima de riesgo. Bien, siguiendo el hilo de esta madeja, podríamos llegar muy lejos en nuestro razonamiento. Sin embargo, no se trata de explicar ahora porqué estamos donde estamos (esto ya lo han hecho, y con gran maestría, grandes economistas como Paul Krugman y Guillermo de la Dehesa),  sino de vislumbrar los escenarios más probables para nuestro próximo futuro y el de nuestras empresas, únicos centros de generación de puestos de trabajo y por lo tanto los únicos que pueden aminorar el drama del paro al tiempo que crean riqueza que permita reducir la deuda.

Creo que los gobiernos serios, en el fondo, ya saben que va para largo, y las medidas que proponen van más enfocadas a “que no vuelva a ocurrir” que no a reactivar la economía. Entendiendo que reactivar la economía, en una crisis como esta (global pero con facetas específicas en cada zona económica), no pasa por incrementar el gasto público unilateralmente, como ya se ha visto, sino por racionalizar el gasto y las inversiones públicas y convirtiéndolos en mucho más eficaces. En todo caso, es un proceso muy lento.

Llegados a este punto vale la pena reflexionar sobre algunas de las circunstancias que van a determinar el próximo futuro del estado de la actividad económica en nuestro entorno:

  • La reestructuración de algunos mercados financieros se ha acometido lentamente, pero finalmente se ha puesto en marcha. Es una buena noticia. En la UE tenemos por ejemplo, Basilea III, que pretende devolver la solvencia al sistema bancario poniendo calendario a una capitalización, y dimensionándola a más del doble de lo que tenian antes de la crisis. La mala noticia es que más de 300.000 millones de euros se sustraerán de la capacidad de oferta de crédito para reforzar la solvencia de los bancos. No favorece el crédito, ni la actividad, y se reconoce que cuando se aplicaran las provisiones adecuadas, una gran parte de la banca europea se encontraría en situación de insolvencia.
  • Parece que la tormenta del mercado de deuda pública en la UE ha remitido, esencialmente por la publicación de los planes de rescate. Los gobiernos europeos han competido para conseguir un puesto relevante en la historia de la ortodoxia financiera, ya era hora. Pero en el futuro inmediato se producirán vaivenes e incluso fuertes repuntes de la crisis de deuda, de nuevo, debido a los titubeos gubernativos en política interior y a que los gobiernos sólo han puesto controles de caja (que no se pueden mantener a largo plazo), no de racionalización del gasto. Parece claro, pues que no habrá incremento de gasto público financiado con más deuda, más bien seguirán las reducciones.
  • Las empresas que han hecho los deberes estos últimos dos años, se han dimensionado a la baja. Por el camino han perdido dinero y hoy tienen una baja o nula rentabilidad. Y aún así tienen su capacidad productiva infrautilizada. Por lo tanto, no cabe esperar un tirón masivo de la demanda de bienes de inversión, originado en nuestro parque de empresas.
  • Se comienza a detectar que proveedores clave y con poca o nula alternativa para el cliente industrial (típico de industrias y sectores usuarios de tecnología intensiva), tambien habían reducido sus capacidades productivas y su primera reacción frente a un incremento de demanda está siendo una subida de precios, no de oferta. Es natural.
  • El alto nivel de paro, junto con el fuerte incremento de la presión fiscal que se irá produciendo en diversas oleadas, consolidará una larga depresión en el consumo privado.

Respecto a la presión fiscal cabe hacer una reflexión: los Estados son los únicos organismos que pueden resolver sus problemas de desequilibrio entre ingresos y gastos dictando leyes de carácter ejecutivo para mejorar sus ingresos, apoyándose en la legislación penal de los países. Alguien debería reflexionar sobre la ética de todo esto.

Semáforos para salir de la crisis

Me parece cada vez más claro que para salir de la crisis necesitamos:

  • Una reubicación masiva de fondos soberanos asiáticos en forma de inversión en los países occidentales. El novedoso fenómeno de la acumulación de fondos en los países emergentes no es causante de la crisis, pero sí puede ser parte de la solución. Ya ocurrió así en las crisis del petróleo con los fondos petroleros. La cuestión es que Asia tiene mucho en que invertir en sus propios países, con retornos potenciales muy elevados y con riesgos menores para ellos que los asociados a invertir en empresas europeas. Su interés estará en comprar dominio de mercados mundiales (que no tienen ), materias primas y tecnología (que tienen mucha, y por lo tanto serán muy selectivos).
  • Un tirón del consumo de países emergentes que dispongan de poca capacidad de autoabastecimiento. No parece un fenómeno que se vaya a producir de inmediato ni de gran dimensión.
  • Aparición y/o desarrollo de nuevas oportunidades de negocio para empresas existentes o creación de nuevas empresas que atiendan nuevas necesidades del mercado. Potenciación de la capacidad emprendedora en todos los sectores de nuestra sociedad.
  • Un cambio en la actitud de nuestros empresarios frente al riesgo, que obedezca al convencimiento de la persistencia de la situación creada yde que siguiendo por la senda de la falta de inversión, puede llevarle con facilidad a ver la desaparición de su negocio. El empresario deberá recurrir a todas sus reservas de ambición sana y de recursos disponibles para confeccionar e implantar salidas individuales de la crisis.
  • Una efectiva racionalización del gasto público. Bajo el concepto “gasto público”, hay gasto pero también inversión. Hay una gran capacidad de ahorro en la eficiencia del gasto y en la eficacia de la inversión. Y esto es así incluso manteniendo y aceptando las diferentes orientaciones políticas producidas por la alternancia democrática de los gobiernos. A título de ejemplo deseo mencionar cuatro grandes bolsas de ahorro:
  1. La ineficiencia de determinados servicios y derechos públicos (como la sanidad o la justicia), con protocolos erróneos, anticuados o incluso falsos, que colapsan los recursos invertidos
  2. España es un país de Pymes, cada una de ellas capaz de multiplicar su número de empleados muy rápidamente. Pero lo que no pueden hacer es competir con el Estado, además de por el crédito, por los recursos humanos o por su coste. La cultura de la subvención imperante en este país, eleva los costes, emplea gente que no se homologa al mercado,… y en fin, inhibe la creación de nuevas Pymes.
  3. La duplicidad en administraciones públicas. Se ha hablado y escrito mucho sobre ello y, por lo tanto, no voy a profundizar, pero sí quiero poner de manifiesto que la existencia de este problema no debe ser argumento válido para las tendencias políticas centralistas. Elija ud. el modelo de Estado y sea consecuente con su administración pública, en localización y dimensión. Desgraciadamente, no es así como se ha hecho.
  4. Todo empresario sabe que para invertir hay que hacer unas previsiones y cálculos de retornos, que son los que pagarán la deuda con la que financiará la inversión. En la inversión pública es lo mismo: inversiones que no se pagan por baja eficacia, engrosan la deuda y, por lo tanto, la capacidad competitiva de todo el país.

Es evidente, en mi opinión, que tendremos que ir por el camino de la racionalización del gasto y de la inversión, pero tambien creo que es un proceso muy lento, por las inercias organizativas y por el impacto social inmediato.

Sálvese quien pueda, como siempre

No me cabe duda de que a la salida (¿?) de la crisis, se habrán trastocado los posicionamientos de mercado en la mayoría de los sectores económicos, pasando a liderar los nuevos mercados aquellas empresas que estuvieron dirigidas por líderes que vieron venir las nuevas circunstancias, que las entendieron, que diseñaron planes correctores y los implantaron y que se adelantaron a sus competidores en acertar de nuevo con la senda del crecimiento.

La actitud de replegarse continuamente es suicida, tanto para empresas como para países. Replegándose no se gana dinero, meramente se sobrevive un corto período, y se pierden muchos activos que costó mucho tiempo edificar: talento, posicionamiento, marca, etc. Sólo tiene sentido replegarse para sanear los activos obsoletos y pasivos excesivos, de forma que nos pongamos en mejor posición para volver a crecer. A partir de una situación equilibrada de la cuenta de resultados hay que volver a plantearse estrategias de crecimiento.

Las estrategias que pretendan prepararse de nuevo para el crecimiento suponen invertir en producto y en actividad comercial. En una encuesta reciente realizada por mí entre fabricantes de bienes de equipo, uno de los resultados fue que la mayor parte de las empresas se encuentran a baja capacidad en fabricación y montaje y, en cambio, saturadas en la actividad de desarrollo y proyectos. Parece que estén invirtiendo en producto.

En las Empresas Familiares, sobre todo en las medianas y pequeñas, estos cambios pueden ser muy difíciles. Los empresarios familiares pueden estar muy influenciados por su producto actual, su propia tecnología y, en definitiva, su cultura, y no son capaces de interpretar bien los cambios que la crisis provocará en sus sectores clientes. Y cuando lo ven, se sienten mediatizados por la presión de la pérdida patrimonial de estos últimos años. En consecuencia, a menudo se refugian en el pensamiento de que sólo deben tomarse un respiro para volver a donde estaban. Es un grave error renunciar a ser parte del cambio social que la crisis provocará y no aprovecharlo, porque oportunidades las hay y muchas. Si el bienestar de la familia depende de la salud de la empresa, entonces permítanme un consejo: ahora más que nunca no permitan que sus limitaciones personales se conviertan en debilidades empresariales.

Barcelona, 4/10/2010

Comentarios

Comment de admin
Fecha 05/10/2010 / 17:12

Hola Francisco,
Tu propuest es buena y necesaria, pero no la UNICA, la UNICA es que tomen conciencia de que son administradores de lo público y no gasten más de lo que pueden. Ya que las fuentes de ingresos se agotan, incluso para un Estado.
Un abrazo..FS

Comment de Ascensio
Fecha 13/10/2010 / 19:03

Fernando, creo que habría que empezar a hablar de JIT y Lean en la Administración Pública. Quizas que lo propongan gurus como tú puede llegar a alguna mente (politico) con liderazgo para cambiar radicalmente el uso que se hace del dinero público.
Acompañado de unas nuevas líneas de apoyo de la Administración para crear centros de especialización y conocimiento, y en una decada podríamos volver a ser la octava potencia mundial

Comment de admin
Fecha 14/10/2010 / 08:07

El problema es que no existe el criterio de eficiencia en la administración pública, ningún político la tiene. Establecen sus propias metas políticas (distintas de las del siguiente) y emplean recursos públicos sin limitación para alcanzarlas. Este es el modelo imperente. Establecer metodologías sólo se puede hacer cuando ya se ha identificado el problema y se ha aceptado. Caso contrarrio es inútil. De todos modos pensaré como introducir todo esto, de hecho ya lo llevo pensando, pero como puedes ver no hay terreno abonado para hablar de estas cosas, sólo lo hay para saber QUIN va a pagar la fiesta, no COMO se va a pagar.
Saludos.

Comment de Josep Mª Carre
Fecha 17/01/2011 / 16:32

molt interessant Salvador. Penso que dones al clau en molts dels comentaris que fas. LLastima que els gobrens no et faran cap cas. Si espero que les cies pymes com nosaltres poguem ajudar a tirar tot aixó endevant. Salut i força !!!

Comment de admin
Fecha 17/01/2011 / 16:47

Molt agrait, Josep Mª, pero no soc Salvador soc Fernando, Lapsus!! Molts records

Comment de Josep Mª Carre
Fecha 17/01/2011 / 16:51

ostres !!! es veritat. Acavaba de parlar amb un tal Salvador i m’he confos. Mil perdons i una abraçada !!

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