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Acerca de Fernando Serra

Fernando Serra
Dirección de Producción, Tecnología y Operaciones
Doctor en Dirección de Empresas y MBA, IESE, Universidad de Navarra
Ingeniero Industrial, UPC
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El cambio de modelo económico

Durante los últimos meses se ha oído a políticos y leído en la prensa, diversas referencias expresadas con insistencia sobre la necesidad urgente que tiene España de acometer un cambio de modelo económico. Hacía mucho tiempo que expertos nacionales y extranjeros, habían puesto de manifiesto las debilidades del modelo económico español, el mismo modelo que hace unos años nos llevó, con admiración del mundo conocedor, a las primeras páginas de la prensa internacional bajo el título de “milagro español”. Sin embargo, mientras duraron los efectos del milagro, ninguno de los diversos equipos de gobierno se hizo eco de este problema, ni se pusieron bases realistas, cuando hacerlo era más viable y sencillo.

Evidentemente, desde el punto de vista del gobierno de turno, el cambio de modelo no sólo no era un tema grato, sino que estaban inmersos en otras preocupaciones más inmediatas: repartir la riqueza creada, ganar las próximas elecciones por más locales que fuesen, y en general proseguir con la invasión de la sociedad civil por parte de los partidos, la construcción de la llamada “partitocracia”, y muchas otras cosas mas. No es que hayan estado desocupados, es que su interés al menos aparentemente, no parece haber sido el del país que gobiernan.

Hay que reconocer que no es fácil afrontar el cambio de toda la estructura económico-productiva de este país, ni de ningún otro. Para entenderlo, intentemos comprender de qué estamos hablando en términos de magnitudes. El motor de la economía ha sido la construcción, privada y pública, ambas al amparo del dinero fácil (intereses bajos y cantidad enorme de fondos europeos para infraestructuras), todo ello ha llegado a suponer 11% del PIB en 2008. Desde 1996, el PIB se ha multiplicado por 2,5 veces, pero además la participación de la construcción en el PIB se ha incrementado un 66%. Estos datos indican que la economía española ha crecido (y mucho) a remolque del sector de la construcción. Este sector ha estado soportado por otros dos sectores que han crecido a su amparo: el sector de distribución al detall de recursos financieros y la industria auxiliar de la construcción, tanto en suministros como en bienes de capital.

Estos tres sectores han estado empleando recursos enormes, en gran medida captados en el exterior, para crecer e invertir en infraestructuras e inmuebles. Esta es pues una de las características esenciales de nuestro modelo: empleo de recursos externos, de los que no disponemos, y que generan déficit comercial, financiero y humano.

El Estado, en sus diversos niveles, se ha nutrido (cuando no ha fomentado) con los excedentes generados por este modelo, se ha hecho grande, tan grande como se lo ha permitido el enorme flujo de fondos recibidos. Esta es otra de las características propias de la situación y que ahora nos genera buena parte del cuantioso déficit fiscal. Otra parte de este déficit se debe al ya mencionado cortoplacismo del gobierno, llegando incluso a negar la evidencia cuando todos los países de nuestro entorno presentaban crecimientos negativos del PIB.

Por tanto, podemos concluir, que el modelo se ha caracterizado por:

  • Una situación externa de exceso de recursos y ávida de colocarlos.
  • El fuerte crecimiento de la actividad de la construcción.
  • Lo mismo de la industria auxiliar de la construcción.
  • La participación del Estado en el excedente.

Muchos pensaron que este modelo era “lo moderno”, y que en todo caso su limitación venía por la disponibilidad o agotamiento de suelo urbanizable. No era verdad, y muchos expertos ya lo apuntaban. El suelo, es nuestro recurso, y lo podemos vender o destruir si queremos. En realidad lo peligroso siempre ha sido (aquí y en todas las economías globalizadas y muy polarizadas) la estabilidad de los flujos de recursos externos.

El flujo de algunos de estos recursos externos (los financieros, no los humanos) se ha cortado. En consecuencia se ha parado la actividad de los sectores involucrados, y a través de la caída del consumo inducida, se ha contagiado al resto de la actividad económica. No olvidemos que la Economía, como dominio del conocimiento, no es otra cosa que el intento de cuantificar el comportamiento de la sociedad en lo que respecta a su actividad económica, esto quiere decir que si por cualquier razón, la sociedad entra en una situación de pánico, toda la actividad económica se ve afectada. El detonante en este caso ha sido la construcción y sus dos sectores apoyos, pero ha contagiado al consumo duradero (automóvil) y corriente (supermercados).

Veamos algunas consecuencias de lo descrito: el sector de distribución bancaria al detall se está reestructurando, ahora es demasiado grande, vemos fusiones de cajas, etc., el sector de la industria auxiliar ya se ha reestructurado, llegando en ocasiones a facturar el 30% de la facturación de 2007, y dimensionándose a la nueva realidad. Y no quisiera olvidar el hecho de que sólo recurriendo a un elevado endeudamiento (tres veces y algo más que el permitido por la UE), el Estado ha evitado su colapso, de momento.

Hemos de reconocerlo, el denostado sector de la construcción era tan importante para la economía nacional como para que nos sintiéramos muy felices y casi alcanzáramos a Italia y sin embargo, ahora nos convierta en los mas desgraciados y el furgón de cola de la UE.

¡El modelo entero ha quedado obsoleto! Por lo tanto cambiar de modelo no representa sólo la voluntad u ocurrencia de un político desperezándose mientras se afeita, la mañana siguiente de haber terminado su cursillo de tres tardes de clase de economía. El tema es que o se cambia el modelo o España vivirá en estas crisis y euforias recurrentemente y siempre con un peligrosísimo desfase temporal con las otras economías importantes de la UE. Vamos a ver que pasa en España cuando la UE empiece a subir intereses y nosotros estemos todavía en crecimiento negativos o menores de 1% del PIB.

¿Al final de toda esta fiesta que ha quedado?

  • Una gran generación de riqueza, he mencionado el crecimiento del PIB en 250% en 10 años, concentrada en los últimos seis o siete años.
  • Una gran parte de esta riqueza ha quedado destruida por la caída de los valores de mercado de los activos.
  • Un reparto de la riqueza creada, que ha beneficiado a todos los estamentos sociales, empañada por el elevado endeudamiento familiar.
  • Una pérdida de competitividad de aproximadamente un 1% anual, los últimos 10 años, con respecto a la UE.
  • Los dos puntos anteriores nos ponen graves limitaciones a cambiar de modelo, limitaciones que deberán ser resueltas si de verdad se quiere cambiar.
  • Una pérdida de solvencia del sistema bancario español. No ha habido pánico en las ventanillas bancarias, pero sí hay graves dificultades de refinanciación de las deudas en el exterior, con los balances debilitados y debilitándose cada DIA más.
  • Se ha incorporado al mercado de trabajo una cantidad enorme de mano de obra de origen extranjero, muy poco cualificada, atraída precisamente por el auge constructor.
  • Un colapso de la industria auxiliar de la construcción. Equipos: grúas, maquinaria de obra, etc., y de suministros: hierro, cerámicas, cocinas, línea blanca, etc. Industrias todas ellas que aportaban gran cantidad de empleo.
  • Un colapso del consumo, consecuencia del colapso del crédito, del paro y del miedo escénico.
  • Un mercado de trabajo dual y viciado, que premia al empleado antiguo y de menor productividad, y penaliza y rechaza la incorporación de la juventud, generando una gran injusticia comparativa y mermando nuestra capacidad competitiva en el mercado único de la UE. Una vez más, se observa el cortoplacismo del gobernante.
  • Y lo que creo que es peor, un funcionariado y unos sindicatos que aún no se han dado cuenta de la nueva situación. El Estado no puede seguir presentando el déficit actual, y por lo tanto no podrá mantener el nivel de servicios o bien el procedimiento costoso de ofrecerlos que mantiene actualmente. Y esto ni subiendo los impuestos en una economía paralizada.

La reacción a corto plazo del Estado ha sido abrir el paraguas y esperar a que escampe: apoyo a las políticas sociales de corto plazo y a sectores industriales motores, construcción (Plan E) y automoción. Probablemente no podía hacer otra cosa, habida cuenta que no vio venir la crisis ni tan siquiera la quiso aceptar cuando ya estaba encima.

Y ahora nos plantean el cambio de modelo, como si nosotros, los ciudadanos, lo hubiéramos hecho todo mal. Y nos lo dicen con cara seria, de dolor de estómago. ¿Será que se han dado cuenta de que el tema tiene calado?. Tenga Ud. por seguro que lo tiene y mucho. Vamos a verlo.

¿Hacia que modelo económico debemos evolucionar?

Las razones para hacer evolucionar (no creo que se pueda emplear la frase “cambiar de modelo” propiamente) nuestro modelo productivo son:

  • Llegar a tener una economía cuyo crecimiento no dependa en tan gran medida de la financiación exterior. Generar equilibrios en las transacciones comerciales y financieras.
  • Diversificar el riesgo frente a la concentración en uno o pocos sectores, con fuerte afectación de las fluctuaciones mundiales. Esta concentración de riesgo lo es especialmente importante para el empleo.
  • Incrementar el nivel de vida, mediante una mayor participación en el PIB de sectores que aporten al empleo mayor valor añadido que el de la construcción.
  • Disponer de un modelo que no consuma recursos insustituibles o no regenerables, de forma tan masiva como la construcción.

Es importante comprender que estas cuatro condiciones hay que aceptarlas como objetivos, en mayor o menor grado, ya que hacer evolucionar el modelo productivo va a ser muy costoso, y si al final del esfuerzo nos damos cuenta de que se ha hecho hacia “the middle of nowhere”, habremos perdido otra generación.

Una vez identificados los objetivos, me planteo identificar qué sectores industriales pueden ser adecuados para alcanzarlos. Empecemos la reflexión revisando en primer lugar aquellos que podemos considerar tradicionales en España:

Turismo: en un país de cerca de 45 millones de habitantes que recibe tantos turistas como habitantes tiene, y concentrados en una tercera parte del territorio, no es sensato pensar en un posible crecimiento del sector. Es tentador, en cambio, hacerlo evolucionar hacia una oferta de mayor valor. Esta es una vieja estrategia que nunca se ha logrado implantar. No creo que vía turismo mejore mucho nuestro modelo: depende de flujos exteriores, no es probable que pueda emplear mayor cantidad de mano de obra, y es difícil que pueda incrementar el valor de la mano de obra empleada, y finalmente el turismo consume recursos insustituibles de territorio y medio ambientalmente.

Agricultura: este sector si que cumple, en gran parte, las condiciones para darnos muchas alegrías. No quiero decir que sea lo que ocurre ahora, en absoluto. Sino bien al contrario, creo que bien gestionado a todos los niveles ( gobierno, empresas, agricultores, distribución,…) tiene las condiciones para darnos lo que necesitamos. La agricultura supone un proceso productivo de ciclo relativamente corto, por tanto devuelve sus réditos año a año, puede llegar a ser un sector estable frente a burbujas globales sobre todo si se desarrolla sobre la base de ofertas diversificadas y diferenciadas, tiene recorrido para incrementar tanto el empleo como el valor del mismo y finalmente no consume recursos insustituibles.

Para poder llegar a todo esto, la agricultura requiere diferenciarse en productos y marcas, dotarse de infraestructuras (riegos, frigoríficos, transportes eficientes,…), incorporar masivamente conocimientos de gestión de empresas y tecnificarse desde un punto de vista agronómico.

Hay sectores que sin ser tradicionales en este país, pueden beneficiarse de la ventaja de posición geográfica, entre ellos algunos industriales, pero sobre todo hay que referirse al sector logístico. Hay muchos estudios y muy solventes que valoran mucho la posición de la Península Ibérica como plataforma de desarrollo de un sector logístico basado en la transferencia de mercancías Norte-Sur, Mediterráneo – Atlántico, y de pasajeros Europa- Sudamérica, Europa – África. Para aprovechar esta posición es estrictamente necesaria la interconexión entre zonas geográficas de la Península y de diversas áreas de ésta con el exterior, y todo ello empleando sistemas multimodales, tanto para mercancías como para pasajeros. Las actitudes que se vienen observando en los diferentes gobiernos de la época democrática, han estado basadas no tanto en los intereses de la colectividad peninsular sino en interés de unos pocos en áreas concretas. Véase sino el inicio del AVE en la línea Madrid-Sevilla, la parodia primero del repliegue de Iberia para llegar a la fusión Iberia – British, la marginación del aeropuerto del Prat, la falta de infraestructuras ferroviarias en el Puerto de Barcelona, y la eterna discusión sobre el corredor mediterráneo. Este sector tiene capacidad para inducir un sólido equilibrio territorial, es intensivo en empleo de valor y se basa en ventajas territoriales existentes.

Un sector muy importante en todas las economías modernas es el de la generación de energía, cuya disponibilidad y coste influye enormemente en la competitividad básica del tejido empresarial de un país. Como país no tenemos especiales ventajas en esta actividad. Sin embargo el consumo de energía, en sus diferentes formas, es y seguirá siendo, una de las mayores causas del déficit comercial español y por tanto de necesidad de financiación externa que se sustrae de la capacidad de financiar otros proyectos. Si se disminuye la dependencia energética, mejora mucho el efecto inducido en otros sectores vía financiación. En España tenemos muy poca capacidad de generación procedente de materias primas tradicionales, y la que tenemos está subsidiada para subsistir, por ejemplo el carbón, que por una vía o por otra genera falta de competitividad en la empresa española. Pero sí tenemos grandes capacidades para las llamadas energías alternativas. Potenciar este sector requiere convertirlo en transparente, protegiendo su producción. Hoy no parece que estemos en esta dirección.

Una reflexión sobre la generación de energía no puede obviar la alternativa de la energía nuclear. Como muchos otros sectores potencialmente nocivos para la salud pública, como puedan ser la alimentación o la sanidad, el Estado debe intervenir en su regulación y control, sin duda. Pero pasar de esto a negar la conveniencia por razones políticas de corto plazo, insostenibles científicamente, me parece una frivolidad, que no deja de serlo por más extendida que esté. Creo que la historia y la ciencia acabarán colocando en el lugar que merecen a los que tomaron estas decisiones y a los que las mantienen y soportan. ¿Alguien se atreve a hacer números y publicarlos, sobre cuanta financiación externa hubiéramos podido evitar de haber tenido mayor producción propia basada en energía nuclear? No creo que se atrevan, porque esto se traduce directamente en empleos perdidos.

Por cierto, hablando de materias primas, hay una de la que sí deberíamos disponer, es ilimitada potencialmente, genera valor, dignifica a la persona, y no sólo no consume recursos no renovables sino que incluso puede renovarlos. Me refiero al “conocimiento” . Se trata del conocimiento que convierte a la mano de obra de bajo valor en personas creativas, emprendedoras y capaces de generar valor precisamente a través de sus conocimientos. Hay muchos sectores económicos que sin ser grandes dependen de conocimientos novedosos y avanzados, científicos, líderes en su ramo. En este gran grupo incluyo sectores tan dispares como la sanidad, telecomunicaciones, bienes de equipo, formación, sectores relacionados con la evolución de los contenidos de los medios de comunicación, ocio, deporte, etc. En muchos de ellos tenemos carencias de profesionales de alto y medio nivel, médicos y enfermeras, por ejemplo.

Potenciar el conocimiento significa potenciar los centros de generación y transmisión de conocimiento, conseguir que se interesen en la creación de valor para la sociedad, convertirlos en productores de personas útiles para lo que queremos conseguir: potenciar el espíritu emprendedor, la ciencia aplicada, etc. Esto lleva mucho tiempo, requiere decisiones políticas de largo alcance, con muchos problemas y poco rédito político a corto plazo.

En este macrosector o conjunto de sectores diversificados, es donde veo una gran parte de la solución de nuestras carencias económicas. Siempre que otros sectores, como el energético, logístico o la construcción, no les hagan la vida imposible, y la generación de su materia prima, el conocimiento, se despolitice y profesionalice.

Finalmente en este repaso, que no pretende ser exhaustivo pero sí didáctico, y que desea reflexionar hacia donde podemos orientar nuestro modelo económico, me queda por mencionar la producción de bienes de consumo duradero. Buena parte de los productos que integran este gran grupo tienen una enorme dependencia directa de la construcción, habiendo por ello quedado muy descolocados. De aquellos que no dependen directamente de la construcción el sector de mayor importancia económica es el del automóvil. Debemos seguir siendo una plataforma productora de automóviles para el mundo, lo necesitamos a corto y medio plazo, tanto por el empleo directo, como por el empleo indirecto y por la balanza de pagos. Sin embargo este sector no mejorará mucho más, ni la cuantía del empleo (bastante tiene con evitar su caída) ni su valor.

En resumen, de las reflexiones anteriores podemos concluir la identificación de cuatro factores requeridos para hacer evolucionar el modelo económico hacia un modelo competitivo mundialmente y que cumpla las condiciones descritas inicialmente, y son:

  • Ambición y ruptura de modelos políticos existentes en los diseños de la ubicación y gestión de las infraestructuras.
  • Dotar a los factores económicos de flexibilidad suficiente para adecuarse a los cambios inducidos por los mercados.
  • Reformar el sistema educativo español, para convertirlo no en un arma política sino en un arma competitiva (alguien oyó lo de arma…).
  • Destruir lastres diferenciales de nuestro país, que cuestan dinero público o privado sin razón económica o de valor social suficientemente justificada, por ejemplo, coste de la energía, coste sindical, coste e ineficacia de la administración pública, etc.

Toda solución a un problema requiere un calendario, ya que puede ocurrir que cuando se alcance la solución sea tan tarde que ya se necesite otra. Pues bien, si se hiciera bien todo lo que hay que hacer, estaríamos hablando de plazos efectivos largos, tan largos que probablemente veremos más de una década perdida por delante. Entretanto los factores que debemos hacer evolucionar no produzcan el impacto deseado, seguiremos teniendo como pilares económicos:

  • Lo que quede de un sector de la construcción. Con su mano de obra de poco valor y sus altos márgenes, probablemente los únicos que pueden mantener la maraña de ineficiencias en que estamos inmersos.
  • Unos sectores industriales auxiliares y otros muy infrautilizados, cuya única salida en los próximos años será la internacionalización. Y cuando estas empresas hayan aprendido a andar por el mundo, puede ocurrir que ya no vuelvan. Hay casos.
  • Un sector del conocimiento muy mermado de recursos, falto de incentivos económicos y sociales, y en definitiva en una plataforma no competitiva internacionalmente.

Probabilidad estimada de éxito.

En el corto plazo son comprensibles las reclamaciones empresariales con respecto a una mayor competitividad y flexibilidad de la mano de obra. No existe otra forma de competir frente a lo que les espera si quieren sobrevivir: vender en el mundo aquello que el mercado interior ahora no compra.

He intentado no adentrarme en opiniones políticas partidistas, creo que las opiniones políticas vertidas en esta reflexión son aplicables a todos los partidos políticos que conozco. Sin embargo, como que las decisiones económicas afectan a la vida de las personas, no nos queda otro remedio que adentrarnos en política finalmente.

Personalmente soy pesimista, nuestro sistema político (partitocracias con ejercicio democrático cada cuatro años) no permite ser optimista por lo que respecta a que un partido decida tomar las riendas de esta evolución necesaria, y eso que no estoy reflexionando sobre como repartir la riqueza generada (ámbito más propio de las ideologías, aunque con limitaciones) sino de cómo generarla, aspecto este mucho más técnico.

Desde aquí y hoy sólo veo posible un pacto de estado y probablemente inducido por (o con apoyo de) la UE, que nos ayude a soportar la travesía del desierto.

¿Es esto probable? Creo que es poco probable, Sr. Contribuyente, la conclusión es pues que a pesar de que sabemos lo que hacer, no lo haremos y seguiremos siendo un país de listillos con recovecos impresentables.

Barcelona, noviembre 2009

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