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Acerca de Fernando Serra

Fernando Serra
Dirección de Producción, Tecnología y Operaciones
Doctor en Dirección de Empresas y MBA, IESE, Universidad de Navarra
Ingeniero Industrial, UPC
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Ejecutar, la gran dificultad

Cuantas veces he tenido que escuchar “ya puedes perder el tiempo planificando, que sepas que en nuestro negocio, que es diferente de todo lo que has conocido hasta ahora, nunca se cumple nada. ¡Lo importante es saber dirigir cada dia!”.

Opiniones de este tipo aún me hacen reflexionar, porque aunque trasnochadas, no dejan de tener un contenido. Empecemos por el final de la frase, “lo importante es saber dirigir cada dia”, es evidente, porque a fin de cuentas el camino se hace andando y el beneficio tambien. Pero me pregunto “¿quién y cómo, evalúa si se ha dirigido bien?. La frase en sí misma presupone que existe un ente superior (superior incluso a mi interlocutor  gerente-propietario ) cuya opinión importa porque es capaz de comparar la realidad constatada con una idea de lo que debería haber sido, idea que por lo menos conoce el individuo que así lo practica.

“Nuestro negocio es distinto!”, bueno esta parte de la frase tiene diversas aristas, una, la primera que se me ocurre es que el individuo que así opina se considera tan cerca del cielo y tan lejos del resto de los mortales, que se siente incapaz de explicarlo a los demás, es un elevado e inútil grado de soberbia. En segundo lugar y más habitual, sin embargo, es que la falta de comunicación horizontal junto con el ensimismamiento, consecuencia del dia a dia (mirando siempre al suelo, para no tropezar) verdaderamente le hacen creer que lo que realiza cada dia como todo el mundo, es algo especial.

“Nunca se cumple nada”, nuestras propias incertidumbres que si bien son las nuestras, no son mucho más inciertas que las de los demás, que tambien tienen, y muchas.

Querido amigo, tu negocio no es especial, ha de hacer beneficio, vender, gestionar tecnologías y personas, etc., como todos los negocios y empresas que conozco, obviamente tiene aspectos especiales, pero en gran medida se parece a muchos otros.

Y a pesar de todo lo dicho, pienso que después de una buena planificación (nunca “en su lugar”) lo importante es una buena ejecución de lo planificado. En diversas ocasiones he escrito sobre las condiciones mínimas para asegurar que una planificación es buena. A continuación intentaré resumir algunas condiciones para garantizar una correcta ejecución, ¡siempre de lo planificado!

Para ejecutar correctamente un plan, se requiere:

  • Que el ejecutor lo conozca en profundidad y lo asuma, que crea en el.
  • Que el ejecutor realice un detallado despliegue de las líneas de acción planificadas. Y que diseñe formas de medir el avance en cada una de ellas.
  • Que los medios a disposición del plan sean los mejores al alcance.

Pensemos un poco en los medios, habitualmente serán de tres tipos:

  • Disponibilidad de capital, hacer realidad lo que sin duda se ha planificado, la cantidad necesaria, su origen, el momento, etc.
  • Disponibilidad de los conocimientos necesarios en todas las áreas y niveles de la empresa, hacer realidad lo que sin duda tambien se ha planificado, el tipo de conocimiento, su coste, el momento, su orígen, etc.
  • Y por último lo más importante, la disponibilidad de los recursos humanos, que tambien se deberian haber planificado, en cantidad, calidad, coste, tiempo, orígen,… y mantenerlos comprometidos continuamente.

Quién deba encargarse de organizar, coordinar, etc., todo esto, tambien debe ser el mejor de todos los posibles “ejecutores” al alcance de los recursos disponibles (no el mejor familiar, he dicho simplemente el mejor) porque de lo que estamos hablando es de incrementar las probabilidades de éxito de la ejecución. Y todo esto es tambien misión principal de un consejo de administración.

Imagínese, ¿pondría ud. su coche nuevo y su familia en manos de un equilibrista y magnífico conductor que no sabe adonde va? O bien, preferiria planificar el viaje, los lugares por donde pasar, donde repostar y descansar, estudiar el tipo de carretera que se encontrarán, etc., y luego ponerse en camino en manos de un conductor con la seguridad de que sabe donde va, de que puede corregir el trayecto porque sabe donde desea acabar. Yo no tengo duda alguna. Este segundo conductor vale mucho.

Barcelona, enero 2006

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