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Acerca de Fernando Serra

Fernando Serra
Dirección de Producción, Tecnología y Operaciones
Doctor en Dirección de Empresas y MBA, IESE, Universidad de Navarra
Ingeniero Industrial, UPC
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La ética en la empresa

La actitud de emprender, consustancial con el empresario, es esencialmente una libertad individual. Las leyes han venido a regular la relación del emprendedor y de su empresa con su entorno, a medida de que los legisladores han ido identificando necesidades producidas por manifiestas desigualdades en las relaciones mercantiles, sin embargo la legislación siempre ha ido por detrás (y conviene que siga siendo así). Casos típicos son las relaciones con los empleados, con la administración pública, con los clientes y proveedores, etc.

Aparecen necesidades nuevas continuamente ya que la evolución del capitalismo es enormemente dinámica. Una de ellas y de las más recientes es la necesidad de regular la relación con los inversores, en el mercado bursátil o fuera de él.  Se ha puesto de manifiesto el desproporcionado poder que en la práctica tienen los ejecutivos profesionales frente al inversor, lo que ha llevado a situaciones muy críticas e incluso a la pérdida del capital con un total desconocimiento de la situación por parte del inversor. De ahí, en parte, el interés que en sucesivas oleadas se produce sobre la forma de gobernar las empresas.

Sin embargo, proponer regulaciones sobre el gobierno de las empresas puede ser un tema crítico, ya que fácilmente podría caer en un grado de intervencionismo con respecto a la libertad de iniciativa que incluso llegara a coartarla. Por ello, se explica que la Comisión Aldama se quede deliberadamente al nivel de recomendaciones con la mínima intervención posible.

Muchos autores (la misma Comisión Aldama en sus conclusiones, o yo mismo en diversos artículos) se refieren a la ética como la panacea, quizás cuando ya no nos quedan otros argumentos.

¿Qué es la ética? Aplicada al individuo o a una organización, es un conjunto de valores que hacen que el individuo o la organización se comporte de determinada forma. En la organización debería llegar a ser una fuerza integradora.

La ética en una empresa orientará:

  • Las prácticas del buen gobierno de la empresa, la independencia práctica de los consejeros.
  • El ejercicio de la dirección, dando ejemplo con su liderazgo.
  • La forma de dar cumplimiento a la ley en todos los ámbitos.
  • La forma de actuar ante los riesgos y las crisis.
  • La forma de relacionarse con el entorno: la sociedad, las administraciones públicas, los proveedores, etc
  • La forma de relacionarse con los propios empleados.

La ética personal de un individuo integrado en una empresa orientará, además de todo lo anterior, su relación con la propia empresa. He experimentado que en algún momento de su vida laboral, a los directivos se les presentan alternativas de acción cuyas opciones no sólo pueden ser argumentadas en base al fin perseguido, los medios son importantes, para cualquier empresario lo son. También he observado que todos los empresarios se han cuestionado en ocasiones el comportamiento “suficientemente ético” de sus directivos o empleados, se puede convertir en una pesadilla la duda sobre el comportamiento ético de un directivo.

Si todo esto es como yo creo, es imprescindible que un empresario describa su ética deseada (su código ético o de comportamiento de la empresa y de los individuos), que de ejemplo con su propia actitud personal y que la empresa ponga recursos para fomentar la formación en los valores que conforman su código ético. Es imprescindible una total trasparencia en estos temas y en todas las direcciones.

Hoy me atreveré algo más, todos hemos dicho alguna vez “ tal cosa no es ética” o bien “mengano no actuó éticamente”. Es claro que en general tenemos una idea acuñada por la sabiduría popular de lo ético. Lo ético para un individuo que pertenece a una empresa tiene que ver con hacer “el bien” hacia el entorno de la empresa, respetando los principios y valores generalmente aceptados por la sociedad en que vivimos. Pero aplicado al individuo, ético también se refiere al bien de la organización como un todo, a esta “persona jurídica” que trasciende a las personas físicas que se relacionan con ella. Sin embargo, estimado lector, este ya es otro cantar, que merece comentario aparte.

Barcelona mayo 2003

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